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Mostrando entradas de enero, 2009

Vida

Laberinto de oscuridad Enredo de dualidades y díadas Envuelve a lo ínfimo, Protege Pacha La ofrenda otorgada Estrellas lejanas Brújulas de Vaticinios Porvenir sin certezas Desapegos, soledad Dolor de entrañas, Dolor de quiebre, De oscuridad Pasos sin huellas, Desdoblamientos de pronósticos Que ya no lo son ni lo fueron Vida, Silvestre, nómada Trashumante

UNO

Tiñendo la existencia Perplejos a sus ausencias Quisieron quebrantar las distancias, Pero esas infranqueables e irrompibles No percataron sus deseos Y el tiempo, enemigo del orgullo, Se encargo de dilatar los kilómetros Todos aquellos llantos, Todas aquellas miradas Todos los abrazos, los besos Las noches de insomnio Todo se lo llevo el reloj, Y en sus manos, Sus ojos deslumbraron perplejos La castidad del numero uno La inmensidad del universo Que se abría nuevamente Entumeció los músculos Y en un gran paréntesis Aprecio su unicidad

SENCILLAMENTE

Sencillamente Sentada en la vida El viento movía desesperadamente los cabellos, Observaba el horizonte La inmensidad del ser le cubría los párpados de la existencia Sus venas latían Latían al ritmo de los astros El silencio de aquella noche La cubría eternamente En los recobijos de aquel riachuelo Podían escuchar las risas lejanas de aquellos seres, Invisibles a la razón Caracoles se enredaban entre sus dedos La arena le rozaba el vientre Que iluminado Parecía sonreír en aquella noche Aunque sus miedos resonaban Ella dejaba pasarlos, Los dejaba, sencillamente, Acostados debajo de las piedras Cuando intentaba levantarse Sentía el gran peso de aquel inmenso y maravilloso cielo Las estrellas le punzaban el conocimiento Y, sola, sencillamente sola, En aquella inmensidad, Por única vez aprendió A ser una pequeña hormiga En una eterna oscuridad

Perfumes

Ausencia de la presencia que tarda en llegar Mezcla de colores, verdes, amarillos, naranjas Los caminos se cruzan, se chocan, continúan La respiración sigue, los latidos murmuran Los dueños se esconden, El otro se asoma, ahí esta, hay viene No hay nombres, solo unos y más unos Aires y roces, silencios y notas

Escalinatas de la indiferencia

En las sacristías, Aquellas voces del olvido, Aquellas manos de duendes Aquellos ojos del sufrimiento No tienen lugar en la semana santa Las manos vacías, Las ilusiones perdidas Los estómagos desiertos, Oyen desde las escalinatas De aquella catedral de oro La santa misa Se hace la hora de concluir, Cada uno marcha para su hogar Ellos los detienen, Pero la indiferencia es tan grande El abismo tan infinito Que todos siguen Ellos no se marchan, ni siguen No caminan, solo observan Aquellas manos llenas Y su futuro en los hombros Del olvido La espera en la escalera se hace eterna No hay migajas para estas fiestas Ni para mañana ni para pasado No hay manos con caricias Solo capaz algún basural, Restos de los grandes De aquel palacio De palabras vacías Les sirvan a caso Para poder albergar Su inocente necesidad primaria

Bujías del tiempo

Acostados en el regazo infinito de la indiferencia Acariciándose sin reconocerse Eran cuerpos extraños, hablaban lenguas distintas Las miradas se cruzaban pero había algo, Algo hacia que no se detuvieran, Se esquivaban Se perdían en la nada Las manos llenas al entrar Vacías y silenciosas al salir Esas que alguna vez forjaron su dulce néctar Que por las madrugadas Se encargaban De recorrer y circundar su figura Esta ves, solo vacíos Pero No reclamaban, Sencillamente Solo sencillamente, Aceptaban la verdad Ya no era cuestión de forzar Ya no había contradicciones Era la verdad la que desenmascaraba la vista Y aquella tarde, En medio de fuegos verdes Encendidos y multiplicados Permitieron que aquel momento fuese grato Aceptando solo la verdad Ambos comprendieron, Aceptándose a si mismos A amarse con distancia

Renacer

Desprenden de mí Sentimientos aleatorios Que oscilan en Pequeños escombros que se desprenden Añejos y polvorientos Entre los recovecos del pasado Humedeciendo rincones Despertando viejas pasiones Indecisas mariposas Revolotean desdeñadas Cerca de los alrededores Compenetradas en su movimiento Revolucionan el espacio, cortan los limites Y desplazan el desolador e infranqueable Silencio del vacío sin fondo